sábado, 30 de enero de 2010
viernes, 29 de enero de 2010
ENCIENDE UNA VELA POR HAITÍ
Haití: una tragedia perenne.
Lo que se requiere es que esta sea la ocasión para que los que comen tres veces al día se ocupen de los que tienen hambre.
El terremoto que recién devastó a Haití, llevó a los comunicadores y por su medio al mundo entero de asombro en asombro. Un número muy alto e indeterminado de muertos, más la destrucción de la mayor parte de las edificaciones del país y de su estructura productiva, el hambre, la sed y los heridos han pasmado al mundo.
La tragedia producto del terremoto y sus réplicas, ha volcado la ayuda de naciones, organismos y personas preocupadas para remediar la angustiosa situación de los habitantes de Haití. Sin embargo, la insuficiencia de medios hace que la ayuda en alimentos, agua potable, medicinas y otras cosas no pueda ser recibida o distribuida como se requiere. Pero la insuficiencia ya existía.
Las diversas trabas para hacer llegar la ayuda al país y distribuirla no es solamente resultado del terremoto. Haití vive perennemente en estado de tragedia. La infraestructura ya era deficiente antes del sismo: Haití carecía casi de todo y esta es una historia de larga trayectoria. Sin embargo “nadie” estaba enterado.
Es muy grave que apenas estos días, como resultado del terremoto devastador y mortífero, el mundo “descubra” la tragedia perenne de esta pobrísima nación. Los conductores de radio y televisión, así como la prensa escrita, han dado a conocer información existente pero arrumbada sobre la extrema pobreza y atraso de todo tipo en Haití. Digamos que descubren el hilo negro, o el agua caliente.
Haití siempre estuvo allí, con su casi total subdesarrollo, sus incapacidades gubernamentales, sus dictaduras, su hambre, su insalubridad, su falta de empleo, su analfabetismo, su pérdida a gran escala de tierras cultivables y bosques. Sin embargo, con gran asombro, los comunicadores, como dije, y por su medio el mundo, apenas se asoman a esa tragedia permanente de Haití.
Esta es la gran tragedia, no haitiana, sino del mundo desarrollado, ese que vive con todo lo necesario y sobrantes. La tragedia es la gravísima insensibilidad y desinterés por las necesidades de países enteros o regiones que mueren de hambre, insalubridad elemental y enfermedades curables.
Por eso los problemas para hacer llegar ayuda y distribuirla, han abierto el expediente Haití con todas sus limitaciones pre-terremoto. La miseria haitiana había pasado desapercibida, y esta nación sólo se volvía noticia ante sus recurrentes crisis gubernamentales, con una democracia de mentiras.
Igualmente pasa con las miserables naciones africanas en estado de guerras intestinas, con los genocidios tribales, su alta mortandad por hambre y la inexistente atención médica elemental. Al mundo “civilizado” no le interesa este asunto, ni la miseria haitiana ni los millones de muertos por hambre cotidiana.
Sí, la tragedia no es la de Haití u otras naciones, esta volverá por causas naturales sísmicas o de origen climático, como huracanes o marejadas, fríos o calores intensos o grandes sequías. La tragedia es la insensibilidad de los gobiernos y las poblaciones civiles que viven en la abundancia ante la miseria de millones de personas abandonadas a su suerte.
Dios creó el universo con sus leyes naturales, esas que por millones de años han ido modificando la materia de astros y planetas, como el nuestro. La tierra está aún en evolución y con ajustes estructurales en su superficie; es decir que seguirá habiendo sismos de diverso grado, especialmente en zonas sísmicas.
Así, en procesos naturales milenarios, el terremoto en Haití es parte de de ellos. Dios no ha provocado, pensamos, un especial sacudimiento telúrico para que murieran miles de personas y se hiciera polvo el patrimonio misérrimo de un país miserable; sólo permitió que sucediera, como en otros desastres naturales.
Sin embargo, con esta destrucción y muerte en el pobre Haití, Dios nos abre los ojos a una tragedia que no es de estos días, sino de un estado permanente de pobreza y subdesarrollo de una pequeña nación americana.
Esta es la oportunidad, este es el mensaje del Señor, que como ciudadanos del mundo, miremos la miseria, la desorganización, la hambruna y la insalubridad en donde no hemos querido voltear la mirada, para sentirse a gusto en el diario confort. Los miserables están allí, dice el Señor, siempre han estado allí, pero a ustedes no les han importado. ¡Ocúpense de ellos desde ahora!
Pero Dios no quiere que la tristeza provocada por las imágenes televisivas y las notas de prensa ante la crisis aguda se quede en enviar alimentos, medicinas y dinero para sortear una situación angustiosa de momento. No, lo que se requiere es que esta sea la ocasión para que los que comen tres veces al día se ocupen de los que tienen hambre, como dijo hace tiempo el presidente brasileño Lula.
Si a partir de esta desesperante falta de agua, alimento, medicinas y techo que sufre Haití estas semanas, no se organiza el mundo rico o clasemediero para ayudarle a superar su estado de miseria en forma permanente, habrá triunfado de nuevo el egoísmo sobre la solidaridad más elemental.
Si algo podemos hacer, personal o institucionalmente, hagámoslo; pero al menos, quienes sí estamos preocupados por la miseria injusta, por el atraso estructural de países y regiones, pidamos al Señor que mueva los corazones egoístas, no sólo de momento, sino permanentemente, para ayudarles a superar su pobreza.
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Y EN LAS CUENTAS DE LAS CARITAS DIOCESANAS
sábado, 23 de enero de 2010
sábado, 16 de enero de 2010
sábado, 9 de enero de 2010
domingo, 27 de diciembre de 2009
sábado, 26 de diciembre de 2009
domingo, 20 de diciembre de 2009
miércoles, 16 de diciembre de 2009
NIÑA DEL SÍ
Todo estaba pendiente de tu boca.
Igual que si los hombres, de golpe, se sintieran
con la vida en las manos, detenida,
como un reloj callado y a la espera.
Como si Dios tuviera que esperar un permiso...
Tu palabra sería la segunda palabra
y ella recrearía el mundo estropeado
como un juguete muerto que volviera a latir súbitamente.
Tú pondrías en marcha, otra vez, la ternura.
Orilla virginal de la palabra, niña del sí preñada con el Verbo,
sin la más leve sombra de no, toda en el Día.
Dios encontraba en ti, desde el primer albor de tus latidos,
la respuesta cabal a su pregunta
sobre la Nada en flor...
Tú lo hacías dichoso desde el Tiempo.
Tu corazón se abría como una playa humilde, sin diques fabricados,
y en la arena sumisa de tu carne el mar de Dios entraba enteramente.
Niña del sí, perfecto en la alabanza como una palma de Cadés invicta;
jugoso en la alegría rebrotada, como la vid primera;
pequeño como el viento de un párpado caído, y poderoso
como el clamor del Géresis.
Niña del sí desnudo, como un tallo de lirio
bajo el filo implacable de la Gloria...
Cuanto más cerca de la Luz vivías,
más en la noche de la Fe topabas, a oscuras, con la Luz,
y más hondas raíces te arrancaba tu sí, ¡niña del sí más lleno!
Tú diste más que nadie, cuando más recibías,
infinita de seno y de esperanza.
¡Tú creíste por todos los que creen y aceptaste por todos...!
Creías con los ojos y con las manos mismas, y hasta a golpes de aliento
tropezaba tu fe con la Presencia en carne cotidiana.
Tú aceptabas a Dios en su miseria, conocida al detalle, día a día:
en las especies torpes del vagido
y en las especies del sudor cansado
y en el peso vencido de la muerte...
¡Rehén de la victoria de la Gracia, fianza de la tierra contra el Cielo,
gavilla de cordera, presentada y encinta!
Porque has dicho que sí,
Dios empieza otra vez, con tu permiso, niña del sí, María.
Las alas de Gabriel abren el arco por donde pasa entera la Gloria de Yahvé.
El arca de tu seno, de madera de cedros incorrupta, viene con el Ungido.
La Primavera acecha detrás de Nazaret, regada por el llanto,
y sobre las banderas blancas de los almendros
el trino de tu voz rompe en el júbilo, humildemente solo.
Pedro Casaldáliga. «Llena de Dios y tan nuestra. Antología Mariana»
Todo estaba pendiente de tu boca.
Igual que si los hombres, de golpe, se sintieran
con la vida en las manos, detenida,
como un reloj callado y a la espera.
Como si Dios tuviera que esperar un permiso...
Tu palabra sería la segunda palabra
y ella recrearía el mundo estropeado
como un juguete muerto que volviera a latir súbitamente.
Tú pondrías en marcha, otra vez, la ternura.
Orilla virginal de la palabra, niña del sí preñada con el Verbo,
sin la más leve sombra de no, toda en el Día.
Dios encontraba en ti, desde el primer albor de tus latidos,
la respuesta cabal a su pregunta
sobre la Nada en flor...
Tú lo hacías dichoso desde el Tiempo.
Tu corazón se abría como una playa humilde, sin diques fabricados,
y en la arena sumisa de tu carne el mar de Dios entraba enteramente.
Niña del sí, perfecto en la alabanza como una palma de Cadés invicta;
jugoso en la alegría rebrotada, como la vid primera;
pequeño como el viento de un párpado caído, y poderoso
como el clamor del Géresis.
Niña del sí desnudo, como un tallo de lirio
bajo el filo implacable de la Gloria...
Cuanto más cerca de la Luz vivías,
más en la noche de la Fe topabas, a oscuras, con la Luz,
y más hondas raíces te arrancaba tu sí, ¡niña del sí más lleno!
Tú diste más que nadie, cuando más recibías,
infinita de seno y de esperanza.
¡Tú creíste por todos los que creen y aceptaste por todos...!
Creías con los ojos y con las manos mismas, y hasta a golpes de aliento
tropezaba tu fe con la Presencia en carne cotidiana.
Tú aceptabas a Dios en su miseria, conocida al detalle, día a día:
en las especies torpes del vagido
y en las especies del sudor cansado
y en el peso vencido de la muerte...
¡Rehén de la victoria de la Gracia, fianza de la tierra contra el Cielo,
gavilla de cordera, presentada y encinta!
Porque has dicho que sí,
Dios empieza otra vez, con tu permiso, niña del sí, María.
Las alas de Gabriel abren el arco por donde pasa entera la Gloria de Yahvé.
El arca de tu seno, de madera de cedros incorrupta, viene con el Ungido.
La Primavera acecha detrás de Nazaret, regada por el llanto,
y sobre las banderas blancas de los almendros
el trino de tu voz rompe en el júbilo, humildemente solo.
Pedro Casaldáliga. «Llena de Dios y tan nuestra. Antología Mariana»
martes, 15 de diciembre de 2009
DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO
La multitud está expectante; la noche se ha iluminado en la espera; la misma gente ha abierto un ordenado camino para el que viene.
¿Sendero para comenzar algo nuevo cargado de gozo o para concluir cuatro días de alegría? Simplemente se esperaba a la gigante marioneta Lucas (muñeco pirotécnico) para que clausurara el ya olvidado Foro Mundial de las Culturas celebrado en Monterrey allá por el año 2007.
¿Sendero para comenzar algo nuevo cargado de gozo o para concluir cuatro días de alegría? Simplemente se esperaba a la gigante marioneta Lucas (muñeco pirotécnico) para que clausurara el ya olvidado Foro Mundial de las Culturas celebrado en Monterrey allá por el año 2007.
“Hermanos: Estad siempre alegres en el Señor;
os lo repito, estad siempre alegres.
Que vuestra mesura la conozca todo el mundo.
El Señor está cerca.” (San Pablo a los Filipenses)
El Señor está cerca, verdad, pero quizás con tantas luces inexpresivas o muy expresivas, según se miren, se queda uno de piedra, o de bronce, pensando si esa alegría tan de alumbrado es la misma en la que, como cristianos, hemos de permanecer.
¿Qué hacemos para despejar las dudas que siempre afloran en un adviento donde los hijos de las tinieblas nos han ganado en astucia?
San Juan nuevamente nos da pistas claras, nos sugiere cómo dar luz de júbilo a un mundo de relumbrón y algarabía diseñada que oculta, si aún no se ha sumido por completo en la insensatez, la procesión que tantas veces va por dentro.
En aquel tiempo la gente preguntaba a Juan: "¿Entonces qué hacemos?" El contestó: "El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo." Evangelio de San Lucas
Compartir la vida toda, desapropiados de exigencias, de extorsiones soterradas, de aprovechamientos feroces, de mangoneos, de falsedades, de desvergüenzas, de mentiras siempre paticortas...
Compartir, porque Aquel que está cerca, al que no somos dignos ni desatarle el calzado, llega rebajado de su rango divino, para servir al hombre, despertando en cada uno lo mejor de sí, abriéndonos los ojos para quedemos deslumbrados ante la sencillez del Dios que nos visita para quedarse con todos, en medio nuestro.
Gritad jubilosos:
"Que grande es en medio de ti
el santo de Israel."
"Que grande es en medio de ti
el santo de Israel."
lunes, 7 de diciembre de 2009
INMACULADA CONCEPCION DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
El nos eligió en la persona de Cristo
-antes de crear el mundo -
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
El nos eligió en la persona de Cristo
-antes de crear el mundo -
para que fuésemos santos
e irreprochables ante él por el amor.
Carta de san Pablo a los Efesios
Llena de gracia; canto del Altísimo; encumbrada en la maravilla de Dios, figura de la Iglesia que alaba a la más Pura que el sol, y siempre a la luz del “Sol que nace de lo alto” que la envuelve y la perfila nítida para los ojos y vida de sus hijos.
Envuelta su persona en el color azul de lo divino, tan ceñida de Dios que nos hace clamar con el poeta: “Señor ¡ cómo has venido azul sobre la tierra, tras tantos días oculto tras tu lluvia y tu viento”!.
Aurora del Esperado, María. Portadora del Dios Amor, llevado sobre sí como carga ligera: suave y amplio abrigo de protección y amparo.
¡Salve, Señora, Reina santa,
Madre santa de Dios, María! Eres Virgen hecha Iglesia,
elegida por el santísimo Padre del cielo,
Consagrada por él con su santísimo amado Hijo
y con el Espíritu Santo Paráclito …
¡Salve, palacio de Dios! ¡Salve, tabernáculo de Dios!
¡Salve, palacio de Dios! ¡Salve, tabernáculo de Dios!
¡Salve , casa Dios! ¡Salve, vestidura de Dios!
¡Salve, esclava de Dios! ¡Salve, madre suya!
San Francisco de Asis
viernes, 4 de diciembre de 2009
II DOMINGO DE ADVIENTO (Lucas 3, 1-6)
Del Profeta Baruc.
“Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados, a todas las
colinas encumbradas, ha mandado que se llenen los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel
camine con seguridad,
guiado por la gloria de Dios”
colinas encumbradas, ha mandado que se llenen los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel
camine con seguridad,
guiado por la gloria de Dios”
No es cuestión de parchear la carretera por donde transcurrimos como cristianos porque lo que puede estar en mal estado es el firme: nuestro particular modo de entender ser cristianos sobre el que echamos los criterios para andar. Si el firme no es Cristo, fundamento de nuestra fe, nos puede resultar confuso eso de abajar colinas o rellenar socavones.
No es cuestión de arreglar sino de cambiar, de lo contrario nuestro caminar será inseguro, carecerá nuestra carretera de peraltes para que en las curvas de la vida no nos precipitemos al vacío, faltarán los quitamiedos y sin ellos quedar agarrotados en la duda, tendremos innumerables cambios de rasante que impiden la visión de lo por venir.
En este momento histórico preciso, tan preciso como en el que San Juan Bautista predicaba el cambio, lo que importa es caminar desprendidos de lo viejo, andar haciendo el nuevo camino con la propia existencia, ya lo decía el poeta, sí que guiados por el que es el Camino y la Vida y la Verdad, el que hace nuevas todas las cosas, del que anhelamos su venida con la esperanza emprendedora del que, pisando sin zozobra el terreno, extiende como un manto el propio andar, fatigoso tantas veces, pero hecho carretera transitable, vía gloriosa para que El Señor venga y contemplarlo como Salvación.

Del Evangelio de San Lucas.
La palabra de Dios vino sobre Juan, hijo de Zacarías…..predicaba un bautismo de conversión... “Una voz grita en el desierto:
preparad el camino del Señor, allanad sus senderos… y todos
verán la salvación de Dios”
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